+Gema Villa
Lo que fue una isla, se ha convertido en una península rodeada de arena y de agua, que alberga la mayor colonia de lobos marinos del planeta. Parque natural muy protegido que se parece mucho a un paraíso.
La entrada a Cabo Polonio tienes que hacerla a pie a través de una zona de dunas del parque natural (unos 10 kilómetros) o en un camión todo todoterreno que te acerca en una media hora.
El camino desemboca en una playa preciosa y muy espaciosa, enmarcada por dunas.
Bajamos del camión y el choque es total. Las casitas, liliputienses, diseminadas por la hierba, son precarias y muy coloristas. Se nota que en el asentamiento predominan los artistas.
Nos alojamos en la Hospedería La Perla volcada toda ella al mar. Las pequeñas incomodidades (sólo hay luz de 20,30 a 23,30 h) se compensan con la vista panorámica y con la suave cadencia del sonido de las olas. La comida es buena: chivito y pescado rebozado frito en la primera cena.
En invierno viven aquí unas 100 personas y en la escuela hay 6 niños. Después van al Liceo, a 8 kilómetros, que algunos recorren a caballo. En verano la población aumenta mucho y hay días que llegan más de 1000 personas en los camiones, aunque la mayoría no pasa la noche en el Cabo.
El verano dura 2 meses y el invierno es largo y frío.
Todo en Cabo Polonio es precario, debido a la prohibición de construir en un paraje que está muy protegido. Algunas de las casitas se construyen al inicio del verano y se desmontan al acabar el buen tiempo. Hay algún pozo pero el agua no es potable. Un camión vende agua para los depósitos que trae de una laguna que hay detrás de las segunda duna.
Cena en La Golosa, un local abigarrado de pequeños detalles, algunos de buen gusto, y regentado por dos mujeres que llevan 4 años en la isla, tras huir del estrés de Montevideo. La comida es muy buena. Comemos Moqueca (a base de tiburón o angelito) y dos postres, el chajá (el nombre se lo debe a un pájaro que al graznar parece decir "cajá") y una mouse de maracuyá con chocolate.
Paseo bordeando los acantilados cercanos al faro. Los numerosos lobos marinos que sestean en las rocas son los más viejos y los más jóvenes, porque los que están en edad fértil disfrutan en las islas cercanas apareándose con las hembras. De vez en cuando el mar deposita en la playa alguna víctima de la lucha por los favores de las hembras que se está librando en las islas cercanas.
Esta reserva de lobos marinos es la mayor del mundo, junto con otra que hay en el mismo paralelo, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).
En el segundo día, excursión mañanera a través de la playa Calavera hasta la Punta del Diablo. Subimos al Cerro de la Buena Vista desde donde se domina toda la costa, hasta los pueblos de Balisas y Agua Dulce.
Cinco horas andando por la arena de la playa y de las dunas. Tropezamos con muchos animales muertos: lobos, aves y hasta tres pingüinos.
Al día siguiente salimos de Polonio con un día maravilloso y mucha pena. Visitamos Aguas Dulces y Barra Valiza, donde desemboca el arroyo donde cogen agua para Polonio y el pueblo que vimos el día anterior desde el Cerro, que resulta muy bonito y asilvestrado.
Nos falla, por no ser época turística, un recorrido en barca por el bosque de los ombues (árboles de troncos enormes que los indígenas usaban como viviendas) surcado por el mismo arroyo que vimos desembocar en el mar en Aguas Dulces.
Estoy pensando en visitar Cabo Polonio y este reportaje me ha animado.
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