sábado, 12 de noviembre de 2011

Visita a la Favela Rocinha en Río de Janeiro



+Gema Villa 
La detención ayer del jefe de la favela Rocinha me ha recordado la visita que realizamos a esta favela en diciembre de 2009, con Luisa como guía, una orgullosa vecina de la propia favela.
Rocinha nace en los años 30, cuando obreros que acudieron a Río para trabajar en la construcción iban construyendo sus precarias viviendas a lo largo de un antiguo circuito de fórmula 1, que sigue siendo la arteria que vertebra este barrio-ciudad. El nombre, Rocinha, se lo debe a una planta atlántica que abundaba en los tiestos que colocaban en las ventanas sus primeros habitantes.
En Rocinha viven 300.000 personas, casi la tercera parte de los vecinos de las distintas favelas de Río de Janeiro, que suman un millón. 
Todas las favelas, también Rocinha, están situadas en los cerros (en zonas muy codiciadas por las promotoras inmobiliarias), a escasos metros de los barrios burgueses. Para algunas personas esto es un foco permanente de violencia (por las enormes diferencias sociales) y para otras es la prueba de la buena convivencia que se da entre clases.
Vivir en Rocinha cuesta entre 80 y 120 reales al mes, y no pagas agua, ni luz, ni impuestos, ni nada, explica Luisa. Vivir fuera, en cambio, cuesta entre 250 y 500 reales al mes, dependiendo del apartamento, más agua, luz... (hay agua 2 días a la semana, la luz circula por unos nudos de cables imposibles y las aguas sucias corren por un canal que todos los políticos prometen cubrir en cada víspera de elecciones).
Por esta razón han fracasado los programas del Gobierno de ofrecer casas nuevas a los habitantes de las favelas. De hecho, algunas familias han aceptado las casas y luego han vuelto porque la favela protege más y ofrece una vida más fácil: tienen escuelas, están muy bien situados y comunicados para poder trabajar en la zona rica de Río, tienen el hospital muy cerca, reciben ayuda de sus vecinos (según Luisa el entorno en la favela es muy solidario)...
Los suburbios donde les dan las casas, en cambio, están a 3 horas de Río y no tienen ningún servicio.
En la favela hay 3 escuelas públicas, 3 bancos, gimnasios, un gran comercio abierto las 24 horas, autobuses a todos los barrios y 80 iglesias, casi todas ellas predicando en contra de los anticonceptivos, lo que para Luisa es un grave problema porque las chicas se quedan embarazadas muy jóvenes y tienen muchos hijos, de diferentes padres. Son las abuelas las que, al final, apechugan con todo para que las jóvenes puedan trabajar algo y divertirse. Más del 50% de los mayores son analfabetos.
Visitamos una cooperativa de mujeres que fabrican objetos para los turistas con materiales reciclados y gestionan una guardería; y también una escuela de Samba, un lugar que ofrece mucho más que clases de baile, como talleres de formación profesional para jóvenes.
En el recorrido de más de 3 horas por la favela hemos podido entrar por cualquier calle o rincón, hacer fotos de casi todo y hablar con la gente que quería hacerlo.
Luisa nos explica que en la favela no hay delitos. Las normas están marcadas por la mafia que controla todo y si las cumples te protegen. El ejemplo es claro: no se puede robar dentro de la favela. Si alguien lo hace, le rompen las muñecas y los tobillos, y seguro que no lo volverá hacer. Es cruel pero muy efectivo, comenta Luisa en su portuñol que entendemos perfectamente.
En la favela hay una asociación de vecinos, cuyo presidente es elegido cada 4 años, que gestiona la ayuda social, los empleos y la formación.
La policía no entra en la favela salvo en casos especiales, como ha sido la detención de Antonio Francisco Bomfim López, el máximo jefe mafioso de Rocinha hasta ayer.






1 comentario:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar

Gracias por tu aportación. Thanks