martes, 28 de mayo de 2024

EL GALLO QUE BUSCANDO UN AMIGO SE ENCONTRÓ A SÍ MISMO

Los tres protagonistas bajo la atenta mirada de Mora
A las tres perras, un perro y 3 gatas que habitaban en una casa de un pequeño pueblo de Maragatería, se les sumó una pareja de gallo y gallina.
Llegaron a las 2 de la tarde de un miércoles, junto a la habitual cesta de frutas y verduras que la dueña solía elegir, como si se tratase de diamantes, recorriendo puesto por puesto el mercado semanal en el que se vendían los productos cultivados en 20 kilómetros a la redonda.
Al poco tiempo de llegar a la casa, ya correteaba por el patio un pollito que fue creciendo hasta convertirse en un respetable gallo.
Hasta aquí todo normal. Lo triste de la historia está en que cuanto más crecía el pollito, mayor era el rechazo del gallo padre, quien lo veía un competidor con el que no estaba dispuesto a compartir su gallina.
Los picotazos y pisotones, pero sobre todo la afilada cuchilla de su espolón, mantenían a raya a un gallito que, con tristeza infinita, deambulaba por el patio con la cabeza gacha.
La gallina, por su parte, una vez superada la etapa de madre nodriza, se mostraba encantada y dispuesta a probar nuevas relaciones y experiencias amatorias, sin exclusividades.
Pero el gallo alfa cortó de raíz cualquier principio de flirteo que no le tuviese a él como protagonista, obligando a “su” pareja a picotear y a maltratar al gallito cada vez que tenía la mala fortuna de cruzarse en su camino.
Empieza así, la época más oscura y triste de cuantas se han vivido entre unos muros que, hasta ese momento, habían sido testigos de escenas “multiespecies” nada habituales. 
Sus piedras han visto, por ejemplo, a la perra Sena aplicando su lengua curativa a heridas y sarpullidos de todo bicho viviente, incluidas las gatas, una lechuza acogida temporalmente para superar una herida en un ala o cachorros humanos que de vez en cuando visitan, con gran alborozo, esta peculiar comunidad. Incluso se han emocionado, a pesar de su condición pétrea, contemplando a la perra Mora amamantando y cuidando con maternal desvelo a la gata Luna.
Escenas que reflejan el ambiente
de esta comunidad
El gallo alfa muestra su poderío
Pero volvamos a nuestra maltratada víctima, a quien hemos dejado vagando sin rumbo, con la mirada fija en el empedrado del patio.
En su soledad desesperada, el gallito empezó a aproximarse tímidamente al resto de los habitantes de la casa -la dueña, las perras, el perro y las gatas- a quienes, curiosamente, no parecía incomodarles su compañía. De esta forma, poco a poco, se fue envalentonando y arriesgándose a nuevos acercamientos.
Un día cualquiera, siguiendo al perro Rufo, sin darse cuenta se encontró dentro del vestíbulo de la casa. La ausencia de rechazo le dio nuevos ánimos y en los días siguientes ya no necesitó un despiste para traspasar, todavía con mucha timidez, la puerta que durante tantos meses había considerado prohibida.
Al séptimo día se arriesgó más allá del vestíbulo y, no había dado ni 10 pasos hacia la escalera que sube a las habitaciones, cuando se encontró, frente a frente, con un gallo que nunca había visto antes, y que, como él, huyó despavorido… En su carrera hacia la salida tuvo tiempo de mirar hacia atrás y vio cómo su asustado congénere también lo miraba de soslayo en su escapada.
Al día siguiente repitió la incursión y, allí, a los pies de la escalera, le esperaba lleno de curiosidad su nuevo amigo.
Se acercó con timidez y con sus plumas esponjadas para simular un cuerpo de un par de tallas más.
Automáticamente comprobó cómo su amigo también se pavoneaba delante suyo; pero su cara era tan dulce, su expresión tan triste y esperanzada a la vez que se olvidó de hacer el gallito, relajó el plumaje y se acurrucó cómodamente frente a su amigo, del que no quería perderse ni un solo detalle; actitud escudriñadora que resultó ser meticulosamente recíproca.
En estas citas, que se repetían a diario y siempre en el mismo lugar, los dos amigos se contemplaban durante horas, sin descanso ni para parpadear (¡cómo agradecieron la existencia de su tercer párpado en estas circunstancias!), entregándose en cuerpo y alma al cultivo de una amistad que, en un tiempo récord, les permitió superar la amargura de la soledad.
Cuando el atardecer, el agotamiento o algún visitante incomodado por la presencia de las aves en el interior de la casa les obligaba a separarse, lo hacían siempre por sendas diametralmente opuestas, despidiéndose con la mirada hasta el día siguiente.
Y así discurrió la vida durante meses, hasta que se rompió la rutina de los encuentros.
Toda la comunidad recuerda que el vacío en el hueco de la escalera que sube a las habitaciones se produjo en pleno invierno, durante esos días en los que un sin fin de estrellas llenan la noche con un brillo especial para advertirnos de un amanecer helador, de los que hacen virar todos los colores al blanco y congelan lo que encuentran a la intemperie.
Y lo recuerdan porque coincidió con una visión de madrugada que ha permanecido grabada en la memoria colectiva, la de dos patas de gallina cercadas por el hielo y apuntando al cielo desde una de las bañeras instaladas en la huerta para recoger el agua de lluvia.
¿Qué ocurrió exactamente?, ¿fue una muerte accidental o intencionada?, ¿suicidio?... son preguntas que sólo pudo plantearse la dueña de la casa, quien, por cierto, se quedó con las ganas de conocer las respuestas.
El resto de los miembros de la comunidad, aunque incapaces de analizar las causas, fueron conscientes de las consecuencias al ver deambular sin rumbo al gallo viudo, quien al verse privado del apoyo psicológico de su amada se mostraba incapaz de enfrentarse en solitario a su suerte.
En la misma época se produjo otro acontecimiento, de tipo natural, que aceleró los cambios que se avecinaban: el espolón del gallito superó en tamaño y fortaleza al del, hasta ese momento, rey del corral.
Bastaron un par de peleas para que la superioridad física y psicológica del gallo-hijo se impusiera, provocando el destronamiento automático del padre y una toma inmediata del gallinero por el nuevo monarca.
El reinado actual, aunque libre totalmente de violencia, ha impuesto unas estrictas normas de convivencia que han tenido dos consecuencias para el gallo destronado.
Ahora es él quien visita con regularidad a un nuevo amigo con el que también se encuentra al pie de la escalera que sube a las habitaciones.
Por otra parte, ha tenido que buscar un refugio nocturno alternativo al gallinero y, gracias a la generosidad y comprensión de la dueña de la comunidad, lo ha encontrado en lo alto del perchero del vestíbulo, donde puedes verlo siempre que acudes de visita a partir del anochecer.
En cuanto al nuevo gallo alfa, se ha visto recompensado de sus sufrimientos pasados con la compañía de dos gallinas rubicundas con quienes comparte su vida en un alegre triángulo que produce dos huevos diarios. Cualquier día, por tanto, veremos corretear por el patio a otros pollitos con los que tejer nuevas historias de amor, odio, rencor, amistad, envidia, generosidad… al modo de las grandes tragedias de los humanos.
Pero, por el momento, la vida discurre con normalidad y, durante la mayor parte del tiempo, reina el buen humor y la camaradería entre los miembros de tan entrañable comunidad.
Tan es así que el hueco de la escalera que sube a las habitaciones es ahora un lugar solitario al que ya solo acude la dueña para atusarse el pelo o echar un vistazo al aspecto de su vestido antes de un concierto.

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